Desde Ovando hasta Osvaldo Báez pasaron más de 400 años y la ciudad creció muy poco, pero lo hizo bien.
A don Osvaldo lo sustituyó al frente de la Oficina para el Desarrollo Urbano del Ayuntamiento su hijo, José Ramón Báez López-Penha, y todo fue mejor, tanto, que se creó una escuela, un método.
El Ayuntamiento cambió de nombre y la oficina también, una que otra vez, pero a don Moncito lo sucedieron, entre otros, Vargas Mera, Orlando Haza y Rafael Tomás Hernández, a quien le tocó transferir al Poder Ejecutivo las funciones de la oficina hasta entonces municipal, con todos sus planes y proyectos.
El hecho, si bien redimensionó las funciones del planeamiento urbano le restó continuidad, como consecuencia, a mediano plazo, de la discontinuidad de la función política; a la vez, el enfrentamiento, abierto o soterrado, entre el ayuntamiento y el Poder Ejecutivo operó de inmediato en detrimento de las funciones de la municipalidad.
La Comisión de Ornato Cívico, presidida por don Quiquí Henríquez, y que hizo un notable trabajo para el rescate de la Zona Colonial después de la Revolución de abril de 1965, fue la segunda estocada a la Oficina de Planeamiento Urbano del Ayuntamiento, a la institucionalidad.
Desde entonces, como todos los gobernantes no tienen las mismas preocupaciones ovandinas, la ciudad, y con ella el país, camina al caos.
El país, porque vamos a ser pronto una sola gran ciudad, que si tendrá zonas verdes ellas serán de los campos de golf que separen sus segmentos, con el verde a ras de tierra.
En breve plazo discutiremos, mientras ya los construyen, si es pertinente o no echarle un tercero o cuatro piso a la avenida 27 de febrero, al mismo tiempo que será ya efectivo el sistema de visados para su cruce en el sentido norte-sur.
(No exagero, ya Santiago tiene lo que no tenía, una inmensa entrada a tres niveles, con coquetísima tachonadura de semáforos en uno de ellos, para facilitar la entrada a la ciudad, cuando lo pertinente era dificultarla, y facilitar a todo el que no tuviera que entrar el encuentro de su propia ruta, por una circunvalación que nunca se termina. Y tiene también otro elevado que conduce de un tapón a otro. Pero tiene elevados, como la capital.)
Hace rato que quien decide no es un presidente ovandizado, sino el contratista, como en Santiago.
Hoy se construye, con un dinero brasileño de línea expansiva, un remiendo de solución vial que complementa el espectáculo de los elevados con que se patentizó en su hora la idea del comesolismo.
Por un lado se habrá de facilitar el tránsito de los que pasan de un elevado a otro, a pesar de que uno de ellos acusa saturación extrema a ojos vista, casi todo el tiempo, por lo que también ese empalme podría hacerse por la calle Barahona, y al elevar la rasante sube el costo.
Y, por el otro (aunque eso de discutir estos temas por la prensa es un exceso de la democracia después del correspondiente otorgamiento de contratos), se va a hacer un túnel a la UASD para facilitar la llegada de los estudiantes de Villa Mella y zonas aledañas, sin contemplar la pertinencia de llevar la universidad al predominante origen de su alumnado, dotado ya de Metro.
PUBLICADO EN HOY, 15-VII-09
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