miércoles, 12 de agosto de 2009

Impuesto igual para trabajo igual

Con harta frecuencia, se producen escándalos periodísticos que días después se silencian, opacados por otros acontecimientos de la cotidianidad, o por otros escándalos, hoy que la muerte violenta ya no escandaliza.

Uno de esos acontecimientos que tenía al parecer sustancia duradera y se opacó fue el generado alrededor de que Cemex, la productora mexicana de cemento ubicada a orillas del Higuamo, en contubernio con los generadores energéticos de Haina, contrabandeaba combustibles.

Los ecos del escándalo tocaron los tímpanos de otros industriales que en algún tiempo han recibido desde Haina combustibles para lo mismo que los recibió Cemex, para producir su propia energía.

El silencio se inició por ese eco del escándalo, por los otros que también son compradores o prestatarios de combustibles por parte de la generadora Haina, en este caso mas generosa que generadora.

El alegato de Cemex, que respaldó Haina, y que se callaron los otros, era el préstamo, no la venta.

Si hay préstamo no existe el delito de contrabando, pero si hay venta el delito es palpable, siempre que haya ganancia en la operación, o valor agregado.

Y uno se pregunta ¿Dónde reside el delito cuando un combustible por el cual no pagan impuestos los generadores ineficientes, se vende a otros, también generadores, obligados a serlos por esa ineficiencia?

Una ineficiencia que obliga a los clientes naturales de los generadores a instalar sistemas propios, costosísimos, para producir lo que el otro debiera producir y venderles pero que ni produce ni les vende.

Sin ir muy lejos en los números, en el país existe ya un centenar de empresas generadoras para sí mismas con capacidad individual superior a la capacidad total de la Compañía Eléctrica de Santo Domingo cuando a Trujillo, en 1958 y en mala hora, se le ocurrió “desinvertir” esos recursos para adquirir una capacidad que ya estaba instalada e iniciar el camino de la disolución de un sistema que funcionaba.

Todo, al altísimo costo que ha tenido que asumir el Estado y la ciudadanía para que todo sea cada vez peor.

2,700 millones de pesos se exoneraron en el pasado año a “Combustibles para generación”, a las plantas que generan para vender; otras partidas, de 161 millones correspondieron a “Combustibles para Zonas Francas”, y algo semejante a los “Contratistas del Estado”.

El resto del combustible que se importa destinado también a la producción energética, está sujeto a impuestos a altos impuestos, como es el de la gasolina, que va a las plantas de los que tienen menos recursos.

De manera que si usted se encuentra por ahí con un camioncito de esos que venden combustibles de los exonerados, arránquele un brazo, aunque sea a media noche, porque usted va a hacer con ese combustible lo mismo que haría el que logró pasarlo al mercado: generar energía, la energía que usted no quisiera tener que producir.

Ello le permitirá, por ejemplo, producir en su pequeño taller la pieza metálica que ha de entregar en la madrugada para que otra empresa pueda trabajar después de que una entrada y salida de energía muy violentas le hayan hecho roto su maquinaria y obligado a parar la producción.

O, tener purificada el agua de la piscina olímpica construida en el patio de su casa, y dejarla iluminada toda la noche, a más bajo costo.

PUBLICADO EN HOY, 12-VII-09

miércoles, 5 de agosto de 2009

Alternativas de renovación


En los años 50, un avezado político recomendó que se renovara a un joven abogado ya pasado por cárceles y gobernaciones provinciales fronterizas, tan vejatorias como las prisiones mismas, para que sobreviviera, que renovarse es en el político el secreto de la permanencia, decir uno que otro discurso laudatorio y agacharse, que llegarían otros tiempos.

Uno más agachado que el otro esperaron y, luego, ambos se desenvolvieron políticamente desde las cumbres, juntos o separados.

El criterio vale para el presidente Fernández, tan reiterado ya que parece presión, y es duro para el político actuar bajo las presiones de muchos que no necesariamente lo hacen para el bien público.

Lento en eso de mirar para donde se calientan los brazos de relevos, el Presidente un año atrás tiró a las fauces de los leones a dos de sus colaboradores y habrá medido los efectos que ello tuvo en la imagen y eficiencia de su gestión.

Hoy, tiene más libertad para privilegiar los resultados por encima de los amarres; no va a la reelección, ha dicho.

Particularmente, ha perdido el liderazgo del que presumiera el señor de la electricidad, quien propone ahora como suyas las resultantes de la mesa de Energía y Combustibles de la última Cumbre, varios meses después de que fueran engavetadas por él mismo.

Para ese reemplazo perentorio existen tres opciones:

Una, el inefable Temo, que estrenó en su tiempo la cantinela privatizadora como el remedio de todos los quebrantos, cantaletear que se han acentuado y mordido la cola con una vuelta miserable a la estatización después de un endeudamiento estatal que supera los mil millones de dólares y de un gasto ya pagado varias veces superior a eso, para el logro de penosos resultados.

Otra, en detrimento del Metro, sería el super Diandino, quien es desde lo oficial la personalidad de mayor confianza en la eficiencia, sin que ello sea garantía alguna de que el toro eléctrico se tomará por los polos.

Por último, sigue vigente aquella fórmula que fracasó cuando la empleó don Antonio Guzmán: llamar a gente capaz desde lo privado; capaz en administración, no en colocar bombillos o en reparar la plancha eléctrica materna.

Con don Antonio la fórmula dejó resultados inolvidables. Se modernizaron los sueldos de cuatro administradores de Corde y se les garantizaron prestaciones en función de la reducción de pérdidas, no de las ganancias. La formulita conllevó, al sumarse, mayores pérdidas.

Hoy no es preciso modernizar salarios, sino rebajarlos, tal vez.

Hay mucho talento retirado con precipitaciones por la crisis internacional y los ajustes consiguientes en centenares de empresas alrededor del mundo.

Muchos de ellos son nativos, sin que ese sea un requisito fatal para la toma de decisiones y el acierto impostergables.

A 50 años de la primera estatización del sistema, que ha significado la carga mayor para el desarrollo industrial así como para el bienestar de los dominicanos, es necesario ajustar esas cargas so pena de vergüenza eterna para todos los gobernantes en cuyas manos ha estado la oportunidad de corregir.

Dos tareas habrá de asumir el Elegido:

1.- Despolitización del sistema.

2.- Autorización a todo aquel que quiera producir energía, sin contratos de compra, dado que ya vivimos de nuevo en la etapa temida de apagones por generación, y no hay tiempo para discutir ilimitadamente sin frutos.

PUBLICADO EN HOY, 05-VIII-09