lunes, 27 de julio de 2009

Una contradicción no válida

Al parecer, el artículo del querido y admirado Salvador Dájer (HOY 24-VII-09), con el título de El mito de los saltos eléctricos, precipitó la publicación del decreto presidencial 530-09 y la convocatoria del organismo creado por él y destinado a la nada bajo el pomposo título de Comisión interinstitucional para la adecuación de los ríos.

Si es así, el artículo logró un objetivo que no se proponía.

Pero algo ha logrado.

Aunque, se hace en principio inaceptable la dicotomía que en él se establece: Hidroeléctricas Vs. Termoeléctricas.

Ello rememora el Gravedad Vs. Bombeo que parió dos sistemas, uno por gravedad y otro por bombeo, con dos plantas vecinas de tratamiento para las aguas de Moca y de Santiago, en versión dominicana del muchachito que Salomón amenazó con partir en dos para darle un pedazo a cada una de las madres litigantes, allá por los años 90 de Matusalén.

Recuerda también los debates infantiles que nos dividieron entre seguidores de Ford Vs. los de GMC.

En principio, una nación está obligada a desarrollar todas sus opciones para lograr la eficiencia y el suministro de lo que demanda el bienestar de sus ciudadanos, y entre ellas está la energía, por lo que hacer comparaciones entre la óptima operación de un sistema de generación, en el caso, el termoeléctrico, y la pésima operación de los sistemas hidroeléctricos existentes, no es válido.

Cierto sí es que nunca debió emprenderse el desarrollo de sistemas hidroeléctricos sin previamente garantizar el comportamiento de las cuencas sobre todo aguas arriba de las presas a construir, y en particular en el aspecto forestal.

También es cierto que es una irresponsabilidad mayor haber construido tantos sistemas hidroeléctricos sólo para ordeñarlos, entendiendo que ni siquiera hay que recuperar los costos mismos de sus instalaciones, y mucho menos mantenerlos en todos los sentidos, partiendo de que “el agua es gratis”.

Si la presa de Río Blanco está llena de limos y de materiales inertes a los pocos años de su operación y ya es inútil, ello obedece a un mal manejo; sabemos que con una operación adecuada de su bosque, la vida útil de ella hubiera sido mayor en horas por día, y permanente si sus fosos se limpiaran con la periodicidad adecuada.

A la RD, con más de 30 sistemas hidroeléctricos de gran tamaño operando, tal vez la mayor instalación de este tipo por M2 de territorio en el mundo, y dotada su geografía de cuencas cortas, se le imponen dos obligaciones en el mantenimiento de esos sistemas que traspasan el lo que pudo haber sido y no fue, y más allá también las comparaciones acomodadas de costos, en un lado de las cuales se acentúan las mañas conocidas y en el otro se ignoran las mismas artimañas que hacen escalar los costos sin piedad:

Una de esas obligaciones de hoy es la repoblación forestal, renovable, de las cuencas de los ríos regulados, por encima de cualquier otra urgencia de carácter propagandístico u ornamental.

Otra, la impostergable limpieza de los fosos sedimentados de todas las presas existentes, la clasificación de los materiales allí depositados y su empleo para la sustitución de las extracciones que se hacen hoy de ríos y minas a cielo abierto destinadas a la construcción o a la fabricación de cemento.

Eso es posible.

PUBLICADO EN HOY, 29-VII-09

Entre dos males

Ayer, al frente de la industria azucarera, al joven gerente le llovió un mercado preferencial con precios medios de 0.17 de dólar la libra, y para lograr grandes producciones se sintió obligado, entre otras cosas, a hacer de cada general un colono; al dejar el mando, la caja tenía 100 millones de dólares y él una fama sombría.

En un ayer más próximo, el viejo colono azucarero colocado al frente de la misma producción tuvo la suerte de un mercado preferencial con precios medios de 0.27 de dólar la libra; llenó la empresa de compañeros y al concluir todo estaba quebrado y se quiso infamar porque le daba trabajos sin concursos a un hijo en un taller de mecánica, y porque trasladó un tresillo de madera desde una casa de la empresa a su casa de campo.

Honradez y eficiencia no siempre van de manos; pero, cuando ninguna de las dos concurre, entonces se enreda la cabuya.

Vienen al caso los recuerdos frente a la madeja de compromisos asumidos por el Estado tras la capitalización del sistema energético, que se muestra tan difícil de desenredar como la gangorra de una chichigua, que es mejor dejarla de lado y a comprar otra totalmente nueva.

La capitalización empezó antes de la ley que la norma tomando, como precedente los ensayos de empresas generadoras dotadas de contratos donde los precios de lo producido se calculaban en referencia a los costos de la ineficiencia estatal.

De ahí en adelante se nada sobre el espeso líquido de lo mismo.

Por ello, los generadores tuvieron ganancias iniciales superiores al 40% anual y en principio creció la capacidad instalada que ahora aparece encogida, o apagada.

Nunca ha sido posible separarse del origen, no del origen de la capitalización, sino del origen primario de la estatización.

La compra por el Estado del sistema energético, en enero de 1955, se hizo por 13,200.00 pesos y ya en abril 27 El Jefe proclamaba “Energía eléctrica barata y abundante, para llevar a cada hogar dominicano el máximo confort”….. “al anunciar una nueva tarifa que contiene sustanciales reducciones” para los habitantes de los ensanches Luperón, Espaillat y más tarde Ozama: una tarifa fija de un peso sin importar consumo, con lo que al bono de la vivienda de entonces se agregaba el bono de la luz, también de entonces, y se afincaban los promovidos sociales de su ERArio, al que él llamaba peculio.

En febrero del 58 se hizo una primera inauguración, ¡un edificio!, de 500 mil dólares.

En el gobierno de los 10 años hubo 13 administradores, en éstos, un solo dios verdadero, y duradero; nadie ni nunca ha permanecido más tiempo al frente del negocio, y nunca se ha deteriorado tanto el mismo, tanto que aceptado está por la población que el apagón es parte de la vida.

Gogentrix, el peor de todos los contratados del PLD fue aprobado por un Congreso de mayoría PRD, y elogiado hasta la nausea. ¿Colusión o ignorancia?

Es un delito de unidad nacional, como es negligencia de todos la realidad energética.

Pagar honorarios a abogados a quienes se le vencen plazos y no prever, o asumir, las liquidaciones de los gerentes es ¿colusión o ignorancia?

Y, como dice Federico Martínez, a la vez que sustenta con metódica elocuencia Bernardo Castellanos, se inclina uno a pensar que el mal está en la corrupción, aunque es evidente la incapacidad.

PUBLICADO EN HOY, 22-VII-09

El impuesto ha de pagarse donde se genera la riqueza

Honda preocupación acusa el zonafranquismo:

Por un lado, se agota el período de la desgravación establecido por la ley.

Por el otro, el Dr. Cafta obliga a la unificación del régimen contributivo.

Y es claro que por mucho que hayan crecido las recaudaciones por impuestos al consumo, el Estado no está en eso de renunciar a lo que genera el Impuesto a la Renta, así sea parcial su cobro, por lo que lo de la unificación va en el sentido de cobrarle a los que han sido hasta ahora exceptuados por la ley.

En esas condiciones, el hacendoso ministro Bengoa anuncia desde España la firma con ese país de un acuerdo que condena la doble tributación entre las dos naciones, pero no establece un criterio acerca de dónde debe pagarse el impuesto sobre la renta generada, si en el país en que ella se genera o en el país de origen del capital aportado o de la nacionalidad del aportante.

El pago de impuestos sobre las rentas o ganancias generadas por una empresa o actividad lucrativa tiene dos escalones: uno, el impuesto a lo ganado por la empresa, que en el caso de zonas francas y turismo está exento por ley por un límite de años; el otro, que corresponde a la renta personal de los accionistas si ellos retiran dividendos, sean personas o empresas los inversionistas.

En innumerables casos, los acogidos a las leyes de incentivo que fomentan la inversión en turismo o zonas francas han logrado que se interpreten las disposiciones de manera tal que ni paga la empresa ni paga el accionista cuando se distribuyen dividendos, lo que para los accionistas dominicanos es sencillo pero no lo es tanto para los extranjeros que deben tributar en su país de origen.

Por ello, es preocupante el destino de las diligencias de Bengoa por aquellos mares, porque se puede estar garantizando a la nación española, en el caso sobre todo de las inversiones turísticas que son las predominantes de sus ciudadanos, el que se pague por allá los impuestos correspondientes a rentas generadas por acá.

Un hecho que es necesario tener presente a la hora de la ratificación de ese convenio por el Congreso, y más que ello a la hora de la necesaria modificación de la ley general de impuestos a que está obligado el país en virtud de las obligaciones asumidas ante el predominante Dr. Kafta.

En esa modificación inminente de la ley, es necesario erradicar la doble tributación interna que obliga al pago por la empresa y al pago por los accionistas sobre una misma renta, a la vez que se establezca categóricamente que el impuesto debe pagarse en el sitio donde ella se genera.

Y que sean los recaudadores de allá, los del país originario de las inversiones, los que acojan las reclamaciones de sus súbditos cuando aleguen que ya pagaron impuesto sobre las rentas que declaren.

Si se hace así, la unificación de los tributos será menos traumática porque para recaudar lo mismo puede reducirse la tasa vigente, que para quienes pagan es excesiva, y para quienes no lo hacen es exageradamente benigna.

Tal y como está la cosa hoy, el país ha sido durante muchos años un exportador de impuestos, y el acuerdo anunciado con España constituye una ratificación y en gran medida una legitimación de esa ello.

PUBLICADO EN HOY, 8-VII-09

Hacia dónde va Santo Domingo

Desde Ovando hasta Osvaldo Báez pasaron más de 400 años y la ciudad creció muy poco, pero lo hizo bien.

A don Osvaldo lo sustituyó al frente de la Oficina para el Desarrollo Urbano del Ayuntamiento su hijo, José Ramón Báez López-Penha, y todo fue mejor, tanto, que se creó una escuela, un método.

El Ayuntamiento cambió de nombre y la oficina también, una que otra vez, pero a don Moncito lo sucedieron, entre otros, Vargas Mera, Orlando Haza y Rafael Tomás Hernández, a quien le tocó transferir al Poder Ejecutivo las funciones de la oficina hasta entonces municipal, con todos sus planes y proyectos.

El hecho, si bien redimensionó las funciones del planeamiento urbano le restó continuidad, como consecuencia, a mediano plazo, de la discontinuidad de la función política; a la vez, el enfrentamiento, abierto o soterrado, entre el ayuntamiento y el Poder Ejecutivo operó de inmediato en detrimento de las funciones de la municipalidad.

La Comisión de Ornato Cívico, presidida por don Quiquí Henríquez, y que hizo un notable trabajo para el rescate de la Zona Colonial después de la Revolución de abril de 1965, fue la segunda estocada a la Oficina de Planeamiento Urbano del Ayuntamiento, a la institucionalidad.

Desde entonces, como todos los gobernantes no tienen las mismas preocupaciones ovandinas, la ciudad, y con ella el país, camina al caos.

El país, porque vamos a ser pronto una sola gran ciudad, que si tendrá zonas verdes ellas serán de los campos de golf que separen sus segmentos, con el verde a ras de tierra.

En breve plazo discutiremos, mientras ya los construyen, si es pertinente o no echarle un tercero o cuatro piso a la avenida 27 de febrero, al mismo tiempo que será ya efectivo el sistema de visados para su cruce en el sentido norte-sur.

(No exagero, ya Santiago tiene lo que no tenía, una inmensa entrada a tres niveles, con coquetísima tachonadura de semáforos en uno de ellos, para facilitar la entrada a la ciudad, cuando lo pertinente era dificultarla, y facilitar a todo el que no tuviera que entrar el encuentro de su propia ruta, por una circunvalación que nunca se termina. Y tiene también otro elevado que conduce de un tapón a otro. Pero tiene elevados, como la capital.)

Hace rato que quien decide no es un presidente ovandizado, sino el contratista, como en Santiago.

Hoy se construye, con un dinero brasileño de línea expansiva, un remiendo de solución vial que complementa el espectáculo de los elevados con que se patentizó en su hora la idea del comesolismo.

Por un lado se habrá de facilitar el tránsito de los que pasan de un elevado a otro, a pesar de que uno de ellos acusa saturación extrema a ojos vista, casi todo el tiempo, por lo que también ese empalme podría hacerse por la calle Barahona, y al elevar la rasante sube el costo.

Y, por el otro (aunque eso de discutir estos temas por la prensa es un exceso de la democracia después del correspondiente otorgamiento de contratos), se va a hacer un túnel a la UASD para facilitar la llegada de los estudiantes de Villa Mella y zonas aledañas, sin contemplar la pertinencia de llevar la universidad al predominante origen de su alumnado, dotado ya de Metro.

PUBLICADO EN HOY, 15-VII-09

Lo que pudo haber sido y no fué

La venta de la Refinería Dominicana de Petróleo al Estado Venezolano, o a su subsidiaria PDVSA, es un hecho consumado.

La recepción de todos los derivados del petróleo en la República Dominicana, así como el petróleo reconstituido que se refina en esas instalaciones pasa de una empresa multinacional extranjera asociada al Estado Dominicano a una empresa propiedad de dos Estados.

Ellos se comprometen a ampliar la capacidad de las instalaciones para satisfacer las demandas locales y hacer del país un espacio con capacidad de exportación de refinos en todas sus variedades, cosa que ya celebran muchos, no tantos, con alegría semejante a la que se generó el día que don Antonio Guzmán anunció la compra de las acciones de la Rosario por el valor de lo que ella se iba a ganar en los siete años de explotación que le faltaban para que se agotasen los óxidos contenidos en la mina.

Esos alegres señores no saben ni tienen por qué saber de dónde sacará el Estado Dominicano sus aportes cuando debidamente instalados en el Consejo de Directores de la Refinería Dominico Venezolana de Petróleo los socios demanden el 51, el 50 o el 49 por ciento de los recursos necesarios para las expansiones impostergables que permitan, en primer lugar satisfacer el mercado interno y unos días después unos aportes un tanto más grandes para que el país sea exportador de materiales refinados derivados del petróleo.

Pudo haberse seguido otro camino a partir de la oferta hecha por empresarios privados a la Shell como valor de referencia de su participación en una empresa cuyas maquinarias deben estar totalmente depreciadas en la contabilidad y cuyo activo principal es la concesión, particularmente de la boca de manguera por donde entran todos los materiales petroleros y su larga parentela al territorio nacional, con excepción del Gas Natural de AES en Andrés y del GLP de los Santana en San Pedro de Macorís.

Si eso valían las acciones de Shell, las del Estado valían lo mismo, minutos más minutos menos.

De esa negociación el Estado tomaba, de inmediato, unos 40 millones de dólares por Ganancia de Capital mas los dividendos no cobrados de los últimos años.

Ya en esa nueva sociedad, las acciones del Estado podían colocarse en Bolsa en paquetes pequeños con un precio mínimo del de referencia por la compra ya realizada por el grupo privado.

Grupo privado que sería el inmediato y más probable pujador en esas ofertas para alejar de sus mandos a socios no deseables.

Con ello se lograba una venta al precio máximo posible de las acciones de un Estado en la compañía, cuya presencia en esa actividad espanta la participación de otras empresas en el mercado de refinos desde hace mucho tiempo.

Se lograba además, la expansión del mercado de valores, con una primera gran empresa ofertando acciones en él.

Y se abrían las opciones para múltiples inversiones en refinerías en un momento en que la riqueza nacional por excelencia de más en más es la posición geográfica.

Entre esas múltiples empresas, naturalmente que siempre sería bien recibida PDVSA.

PUBLICADO EN HOY, 24-VII-09